Publicado en www.laopiniondezamora.es
Aunque nacido en Cuenca (23 de marzo de 1963) Miguel Collado Nuño ha estado vinculado desde su infancia a Burgos. Tras su reciente acceso como vocal al Consejo General del Poder Judicial, máximo órgano de gobierno de los jueces, Collado analiza en la entrevista algunas de las principales reivindicaciones de los profesionales de la Justicia. Desde el martes participa en las jornadas de formación organizadas en Zamora por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.
– En Zamora se reclama un nuevo juzgado de instrucción y un juzgado de violencia de género. ¿Son necesidades comunes al resto de las provincias de la Comunidad?
– En general las necesidades de la Justicia son bastante homogéneas. La violencia de género es un problema que, evidentemente, nos preocupa a todos. Existe, además, una preocupación ante el incremento de trabajo y ante las posibilidades reales de la Administración de Justicia de poder afrontar esta situación. El Consejo General del Poder Judicial es consciente de todo ello, pero hay que establecer prioridades. En el caso de Castilla y León, el presidente del TSJ ha fijado, con toda prudencia, cuáles son estas prioridades que el Consejo analizará.
– ¿La modernización de todo el sistema es ya acuciante?
– Sí. Estamos embarcados en una modernización real y efectiva de la Administración de Justicia. Si analizamos la evolución de los últimos años, comprobamos que la creación continuada de juzgados ha solucionado muy parcialmente los problemas, porque el incremento de asuntos no cesa y hace pequeña cualquier previsión. Pensamos que es necesario un cambio de ciclo y reorganizar el trabajo de los jueces ante este nuevo reto con nuevos instrumentos. Ahora, el Consejo plantea una nueva oficina judicial con un nuevo sistema procesal en el que el papel desaparezca. Hay que emplear los medios telemáticos que ya son habituales y abandonar sistemas que pueden sustituirse por otros más rápidos y eficaces. Hay que reorganizar los medios partiendo de una base, y es que en España los jueces no son el problema, sino un colectivo capacitado y formado con todas las posibilidades, pero sin medios modernos de verdad. No necesitamos más medios, sino medios modernos. Hay que simplificar trámites.
– ¿Y desjudicializar muchos ámbitos?
– Sí. A lo largo de la historia los jueces han asumido innumerables competencias. Hay que entender que un juez, cuya preparación es muy exigente, atiende cuestiones muy importantes y otras que, realmente, quizá no merezcan un tratamiento tan privilegiado. Quizá haya que eliminar del ámbito judicial aquellas materias que no tiene sentido dentro de la Administración de Justicia o el interés relevante para ello. Y buscar otros mecanismos de solución. Alguien tiene que dar respuesta a los ciudadanos pero, evidentemente, no a través de un medio tan complejo. Además, hay que simplificar de una forma decidida los recursos y delimitarlos. En las audiencias y tribunales de apelación se examinan causas cuya importancia económica es muy leve... Mientras que la Justicia tiene que adaptarse a nuevos medios, tenemos que ser conscientes de que es un bien precioso, y dejar que los jueces se ocupen de aquello que exige una decisión judicial. En términos médicos, ahora tenemos a cirujanos poniendo tiritas, y lo que tenemos que hacer es articular mecanismos para que quien necesite una tirita se la ponga alguien con todas las garantías, y que el cirujano tenga tiempo de hacer las operaciones que le corresponden.
– ¿La crisis económica se evidencia en un mayor volumen de asuntos en los juzgados?
– Sí, y es natural. Hay una relación directa entre la actividad económica y el mundo judicial. Cuando existe una crisis económica es lógico que los pagos que habitualmente se hacen de una forma normal tengan fallidas que repercutan en los juzgados. Si una empresa cierra se produce todo lo que es una situación que termina en el Juzgado de lo Social.
– ¿En qué porcentaje ha podido incrementar el volumen de asuntos ordinarios?
– Hoy en día ni tan siquiera se ponen de acuerdo los expertos económicos y sería muy atrevido haciendo estas previsiones. En cualquier caso sí le digo que es algo que se aprecia de una forma tan relevante que el Consejo, inmediatamente, en quince días nada más constituirse, ya puso encima de la mesa un plan que afectaba a los Juzgados de lo Mercantil en todo el país. Y ha sido ejecutivo en un mes y medio. Ese es el ejemplo de lo que entendemos debe ser una gestión, medidas rápidas y que lleguen a tiempo. Las soluciones, si llegan tarde, no son soluciones ni tan siquiera remedios. Son tristes epitafios en la tumba de una empresa o de una institución. Por eso más que crear órganos hay que plantear organismos eficaces. Si hace falta alguien que ponga sentencias hace falta un juez más, no un juzgado más, que puede ser un lujo innecesario.

